sábado, 9 de febrero de 2013

Mi narrativa está enmarcada dentro de la infelicidad



Entrevista al escritor arequipeño Orlando Mazeyra Guillén.

1.- ¿Qué buscas representar en tu narrativa?

No sé si busco algo en específico. A medida que pasa el tiempo me doy cuenta de que la escritura es, en mi caso, una urgencia. Las palabras (mis palabras) son lo único que tengo, lo único que en verdad me pertenece. Si busco algo es ‘encontrarme’, pero sé que nunca lo voy a hacer.

2.- Tu literatura se relaciona con el desasosiego del ser humano con las circunstancias que te le ha tocado vivir. De alguna manera buscaste eso en tu narrativa.

Mi narrativa, sin duda, da cuenta de mi ser y mis circunstancias. Y el desasosiego es casi un estado cotidiano en mí. Muchas veces la escritura es también una catarsis… hasta una expiación. Vargas Llosa dice que escribir inmuniza contra el dolor. ¡Ojalá así fuera! Si alguna vez logro que me inmunice seguramente dejaré de escribir. Por eso a la escritura la siento como una necesidad biológica, si me permites, semejante al sexo. Uno puede vivir sin sexo, desde luego; pero qué difícil es vivir sin practicarlo, ¿no?

3.- ¿Qué autores crees que desarrollan ese desasosiego tan característico en nuestra post modernidad?

No lo sé. Seguramente son muchísimos, sin embargo para mí han sido fundamentales las lecturas de Sábato, Coetzee, Camus, por darte tres nombres. El Túnel fue un descubrimiento que hasta el día de hoy me estremece. Ya te mencioné a Vargas Llosa que manifiesta una auténtica ira contra el mundo que nos tocó vivir. Ambos entienden (Sábato y MVLL) de la misma forma la escritura de ficciones. Yo creo que no se trata de autores, sino de la lectura misma, pues leer no es un placer inocuo. ¿Qué trato de decir? Que la lectura de ficciones ha sido determinante en este desasosiego vital. Le tengo que dar gracias también a Onetti y a Horacio Quiroga, dos uruguayos, de vidas atroces. Y pensar que de niño, cuando todavía no sabía cómo era el mundo (como yo creo que es), empecé leyendo “Cartas desde la selva”.

4.- Tus palabras confirman que tu literatura se orienta a cuestiones personales que coyunturas literarias. ¿Cómo ves la nueva literatura peruana?

Hay muy buenos narradores relativamente jóvenes como Daniel Alarcón, por ejemplo, o Carlos Yushimito. Me gustó mucho la primera novela de Bayly. No sé si Mario Bellatin es peruano o mexicano, pero su obra es imprescindible. Entre los canónicos, aparte de Vargas Llosa, admiro mucho a Oswaldo Reynoso, Ribeyro, Luis Loayza… también hay un autor algo ‘caleta’ que escribió hermosos cuentos fantásticos, Alfredo Castellanos. Y también a José Adolph con quien tuve la suerte de intercambiar un par de correos electrónicos pocos meses antes de su muerte.

5.- Ahora que traes a colación al escritor José Adolph, crees que la literatura llamada fantástica tiene poca suerte en el Perú.

No es que tenga poca suerte, sino que es considerada por muchos un género menor. Para mí, escribir literatura fantástica es un reto mucho más complicado y exigente. No te olvides que el mismo Ribeyro incursionó en el género. Calderón Fajardo es otro gran escritor de narrativa fantástica. Me parece que, en general, el lector peruano está más emparentado con la literatura realista. No es casualidad que nuestro mejor novelista, Vargas Llosa, sea un narrador eminentemente realista.

6.- Arequipa tiene una gran tradición de narradores que tal vez poco o nada han desarrollado la ciudad como espacio.
Justamente eso me decía un viejo librero del centro de la ciudad y coincidimos en lo mismo: en el ámbito narrativo, Arequipa es todavía un territorio virgen, salvo algunas novelas de Edmundo de los Ríos y, mucho más antes, de María Nieves y Bustamante. Pero ahora eso va ir quedando atrás. Yuri Vásquez acaba de publicar hace unos meses, “El nido de la tempestad”, gran novela donde Arequipa ya reclama su “derecho de ciudad” en la narrativa peruana.

7.- Sí, es muy raro que siendo una ciudad con narradores prestigiosos, estos solo han desarrollado su narrativa con una mirada hacia Lima que se refleja en sus escritos por su condición de migrantes o tal vez de una añoranza como lo hace Reynoso, pero no han problematizado. O es que el mito del 50 donde la ciudad era un personaje principal en la narrativa ha quedado obsoleto.

Yo le dije a Oswaldo Reynoso que si él se quedaba en Arequipa y escribía un libro sobre “Los inocentes” de los pueblos jóvenes de nuestra ciudad su obra, obviamente (por culpa del centralismo limeño), no hubiera tenido la repercusión que tuvo.  Él lo reconoció. El narrador no limeño apunta a Lima, así como el limeño apunta a Europa o, en todo caso, a Estados Unidos. No es una regla, por suerte, pero sí una realidad. Cualquier ciudad o villorrio tiene historias, lo que pasa es que debe encontrar a alguien que tenga el talento suficiente como para poder contarlas. Te reitero que siento que a Arequipa ya le está llegando su momento. Mi ciudad está gestando nuevos narradores.

8.- En cambio, Lima no ha sido diagnostica por un limeño en estos cincuenta años a profundidad. Yo creo que el único que dio un diagnóstico fue Ribeyro. Recuerdo que un catedrático de San Marcos le planteé la idea que la narrativa de Ribeyro tiene un prejuicio al migrante porque muchos de sus personajes están desarrollados como estereotipos bufonescos. El catedrático me dijo que estaba equivocado porque lo que Ribeyro buscaba era plantear la nueva Lima que se construía frente a sus ojos, pero siempre me quedó la duda. De otro lado, actualmente, los narradores limeños han volcado una mirada a la provincia donde se desarrolló el problema de la violencia en el Perú y eso ha sido un tema que se ha desarrollado en los últimos años.

Si la mirada es honesta, entonces bienvenidas todas las obras sobre el terrorismo o sobre cualquier tema. Ahora, también se da el caso de los que, para descalificarte a la mala, dicen tú eres un “pituco limeño” que, más allá del atentado de la calle Tarata, las bombas y los eventuales  cortes de luz, no sabes lo que realmente pasó. Así que si quieres escribir sobre la violencia política va a ser algo demasiado falso, impostado. ¡No te metas en lo que tú no has vivido! Y bla bla bla…. La naturaleza de la ficción es fingir una realidad, no haberla vivido cabalmente (ya dejarlo bien en claro aprovecho para recordarte una anécdota que debes conocer: el personaje real que sirvió como semilla para que Vargas Llosa elucubrara a Alejandro Mayta, aquel quijotesco revolucionario de su novela Historia de Mayta, buscaba insistentemente a varios narradores para contarles su ‘verdadera’ historia y para enmendarle la plana a Vargas Llosa por ‘mentiroso’). ¡Delirante! Si algo es la ficción es una mentira… Sin ir más lejos, a mí también me dijo alguna vez, un comunista exaltado, que ningún arequipeño (radicado en Arequipa) podía escribir sobre la violencia política porque Arequipa no había sido tocada por orden de Abimael Guzmán. Lo mandé a callar de inmediato, pues mi propia familia corrió muchos riesgos durante esa nefasta época. Uno debe escribir sobre lo que lo que quiera, pero que lo haga con honestidad… y no por “moda” o afanes más impresentables.

9.- Y creo que la moda no se encuentra en parámetros estéticos como lo era antes sino en exigencias editoriales europeas que construyen, de alguna, manera el imaginario de lo que es el Perú en extranjero. Este hecho segmenta mucho las diferentes temáticas que pueda escribirse en el Perú, no crees.

De acuerdo. “Si un tema está en boga, entonces manos a la obra”. Insisto: no hay peor narrador que el deshonesto, aquél que no escribe sobre lo que le sale de los forros, sino con fines subalternos. Y digo subalternos porque hay grandes editoriales que mandan a escribir sobre determinados ‘tópicos’…

10.- Cambiando de tema intricados, tu obra cómo ha sido recibida por la crítica y los lectores.

En Arequipa, salvo alguna rara excepción, el periodismo cultural no existe. La mayoría de diarios no hace reseñas de nada. De nada en absoluto: te llames Philip Roth, Javier Marías o seas un escritor debutante. La crítica en Lima fue muy alentadora y estimulante con mi segundo libro, La prosperidad reclusa, tanto en Caretas, El Comercio e inclusive en La República. Jack London dice en una de sus novelas que los grandes críticos son tan raros como los cometas. Estoy de acuerdo con eso. También podríamos decir lo mismo de los escritores, ¿no? Habemos muchos, pero los grandes son rarísimas excepciones. Por otra parte, presiento que a los narradores jóvenes nos cuesta leer a los que están en nuestra misma situación: empezando. Otra práctica, bastante insana y despreciable, es leer a un nuevo narrador y luego negarlo en público. Algo muy habitual por estos lares.

11.- García Márquez decía que toda su obra podía resumirla en una sola palabra: la soledad. ¿Cuál sería la tuya?

Infelicidad

12.- ¿Qué estas escribiendo actualmente?
Este año, Dios mediante, publicaré un nuevo libro de narrativa. Espero que le vaya bien.

13.- ¿Seguirás con el relato?

Sí.

ORLANDO MAZEYRA GUILLÉN (Arequipa, Perú, 1980). Escritor y cronista. Ha publicado Urgente: necesito un retazo de felicidad (2007) y La prosperidad reclusa (2009). Publica ficción y no ficción en El Malpensante (Colombia), Hildebrandt en sus trece (Perú) y otros trabajos narrativos en revistas literarias virtuales como Hermano Cerdo (México), Badosa.com (Barcelona), Destiempos y en el Proyecto Patrimonio de Santiago de Chile. Ha sido incluido en las antologías Disidentes 2: los nuevos narradores peruanos 2000-2010 (Ediciones Altazor, 2012) y 17 cuentos peruanos desde Arequipa (Biblioteca Regional Mario Vargas Llosa, 2012).


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